- Los nombres de bandas o grupos formados por números que reemplazan palabras, como por ejemplo Improvisa2: ya está, ya era choto cuando lo “descubrieron”, ¿qué necesidad de seguir por ese camino? Incluso los gringos lo hacen desde hace años llamando Cali-4-nia a la ciudad de Schwarzenegger*.
- Los elementos del carnaval carioca: no digo que haya que eliminarlos, pero por lo menos renovarlos. No podemos seguir creyéndonos graciosos con el falso cuchillo atravesando nuestra sien o acosando señoritas con el choclo o la banana gigante. Además, los sombreritos siempre son chiquitos y no entran.
- Los grupos de Feisbuc con movidas sociales o los “yo también apago el microondas antes que suene”: con los sociales todo bien, entusiasma ver a miles de personas juntas por un objetivo noble, pero nunca pasa de ahí. Entran a escribir no pertimamos que esto siga sucediendo, les dejo mi apoyo desde Beirut. ¿Y, qué lograste con eso? Si con eso hacemos algo, es otro cantar y me paro a aplaudir. Y los otros grupos... 12000 personas que se anotan para decir ¡¡¡¡Sí!!!! ¡Yo también lo hago! ¡Jajajajajaj! Todo bien eh, de hecho este blog es un gran observador de la cotidianeidad y se basa en esos lugares comunes, pero de ahí a anotarse en cuanto grupo aparezca, es demasiado.
- El chiste de ponerle la mano en el hombro a alguien y preguntarle ¿Sabés cómo garchan los marcianos?; el de Marcelo, agachate y conocelo, el de Enano, agarrámela con la mano y similares. No puede ser que chistes que Corona escribió cuando era abstemio sigan estando en boga.
- Escribir posts sobre cosas que no dan para más.
* La cantidad de horas que habrá perdido Yuarseneguer en su vida, delentreando su apellido. ¿Cómo no se va a volver musculoso y fascista?
Ninguno baja de los 300.000 fans. ¡Imbéciles!








































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