Por ejemplo, el que usualmente dice "¿vos te reís?" suele ser el mismo que usa asiduamente el "... y Fulano no me deja mentir". Y eso nos lleva a dos cosas: primero, no, no me río, ¿vos me ves que me esté riendo, pelotudo? Y segundo, el que jura sin que le pidan es mentiroso y probablemente pitocorto. Esto último no está debidamente chequeado, es cierto, pero en el revoleo todo pasa. Acá mi abogado no me deja mentir.
La gente que dice "¿me entendés?" al final de cada frase tiene aires de superioridad intelectual y se cree más o menos culta porque se leyó un libro de Camus o porque el final de Lost le pareció místico.
Otros arrancan siempre al grito de "Escuchame una cosa". Para empezar, ojalá fuera una cosa sola y no veintitrés, mamerto. Y además, ojalá no escucharte fuera una opción. No gastemos saliva al pedo, muchachos, que después nos arrepentimos. ¿De qué nos arrepentimos? Y qué se yo, boludo, ¿todo querés que te diga?
Y después estamos los que, creyendo que somos Torquemada y tenemos la palabra final irrefutable, cerramos nuestros soliloquios con un estúpido "he dicho". Sí, has dicho, y yo he escuchado y he llegado a la conclusión de que lo que has dicho es la pelotudez más grande desde "el que depositó dólares recibirá dólares", he dicho.
No hay caso, Dios le da pan rallado al que no tiene milanesa.
El "ingeniero" y Lanata usan y recomiendan el "¿mentendés?". No sé, vos fijate.





































