Nada de flores, ni bombones ni serenatas. Acompañarla en su día de shopping: eso es amor.
A continuación, una serie de topics clásicos de esta malsana actividad:
- Si lo que se prueba no te encanta, le queda horrible / la hace gorda.
- Si te encanta, se lo decís para dejarla tranquila.
- Si no te gusta, no estás colaborando.
- Cuando preguntan
¿Éste o éste? ya tienen la decisión tomada, sólo hay que saber descubrir cuál es y optar por ella.
- Después de caminar 153846 kilómetros, volverán al primer local a llevarse esas botas. El vendedor la recibirá al grito de
sabía que ibas a volver, ya te las bajo. 38, ¿no?, y te mirará de reojo con cara de
todas hacen lo mismo.
- Llevarse un libro es una GRAN elección.
- Uno no es el único en esa situación: en cada local hay al menos otro hombre con cara de hartazgo y una cartera de mujer en la mano.
- El descubrimiento del punto anterior fortalece la sensación de patetismo, impidiendo una fluida comunión con los hermanos acompañadores. No da para decir abiertamente
somos unos perejiles.
- Algunos hombres opinan enérgica y honestamente. Merecen la eutanasia.
- Las vendedores son insufribles, lo cansan hasta a uno, que está leyendo afuera.
- El ítem anterior es doblemente perjudicial, porque puede generar que la compradora (la mujer de uno) se encule y no le compre algo que le había gustado, con la consecuente prolongación de la búsqueda.
Y hay más, muchos más motivos para saber que nunca volveré a hacer eso que había prometido no volver a hacer hace un montón de tiempo.