Odio ir al supermercado. Es simple, me parece la pérdida de tiempo más grande de todas y no puedo entender cómo hay gente a la que le gusta.
- Te llevás cosas que no necesitás.
- Nunca encontrás lo que sí necesitás.
- La gente vigila su changuito y su paquete de arroz yamaní como si no hubiera otros 345 en la góndola.
- La góndola esquinera que tiene
sólo manteca Sancor está a 450 metros de la heladera con el resto de las mantecas.
- La distribución del supermercado parece estar hecha por gente con problemitas: en el Carrefour de San Martín las pantuflas están entre la panadería y la carnicería.
- La gente estaciona el carrito donde se le canta el orto y se va caminando 3 pasillos más allá, como si no hubiera nadie más.
- Nunca anda
el sistema de Pago Fácil.
- No hay un horario
ideal para ir: este domingo fui a las 3 de la tarde y estuve media hora en la cola.
- Las promotoras nunca te regalan dos galletitas con paté juntas. Tenés que dar la vuelta y hacer el estúpido jueguito de que sos otra persona.
- Siempre hay algún hijo de puta que cree que el resto de mundo está formado de pelotudos: el domingo vi a un tipo con 38 unidades (23 yogurts/yogures/shogoorts o como se diga) en una caja rápida de máximo 20. Se comió una sarta de puteadas, como es lógico.
- La gente supone que una vez que pasaste la caja ya no es responsable de su carrito y la deja en el medio.
- La misma compra que un mes te sale $200, al mes siguiente te sale $270 y así exponencialmente. Pero el INDEC dice que hay 0,6 de inflación.
Perdés tiempo, perdés guita y como “consuelo” te trajiste un dulce de batata con chocolate, del cual comés esa noche un pedacito y después muere de viejo en la heladera.
Para la próxima, tips para elegir un buen lugar en la cola de las cajas.